Mi práctica de cerámica no comienza con una forma final impuesta, sino con un reconocimiento de la arcilla como una entidad viva. Entiendo el proceso creativo no como un monólogo del autor, sino como una conversación bi-direccional.
Mis piezas son concebidas como el registro físico de un proceso de negociación. Busco capturar la vitalidad y exuberancia de la tierra en su estado plástico y la memoria del fuego tras la cocción.